Con la llegada de los musulmanes a la
Península (siglo VIII) y durante la Reconquista la Comunidad de Madrid
se convirtió en una zona estratégica por ser frontera entre los
reinos cristianos, situados al norte del Sistema Central en la cuenca del Duero,
y los reinos musulmanes al sur.
A mediados del S. IX el emir de Córdoba, Mohamed
I, mandó construir en la orilla del río Manzanares una fortaleza,
denominada Mayrit o Magerit (Madrid), destinada a frenar las incursiones cristianas
del norte para defender Toledo. Durante la dominación árabe también
se realizaron fortificaciones en Mejorada del Campo, Paracuellos del Jarama
y Villaviviosa de Odón y en el curso de los ríos se construyeron
torres de vigilancia.
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Durante la Reconquista fue objeto de numerosas incursiones
cristianas hasta que Alfonso VI conquistó Toledo (1083)
y la incorporó a los territorios ganados a Al-Andalus, entrando
a formar parte de la Corona de Castilla. El desarrollo de la Comunidad
de Madrid, al igual que el de otras villas castellanas, se vio favorecido
por el sistema de repoblación de los monarcas, denominado Comunidad
de Villa y Tierra. Estas comunidades se regían por un Fuero establecido
por los vecinos y aprobado por los reyes.
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En 1202, la Comunidad de Villa y Tierra de Madrid, obtiene
su Fuero, otorgado por Alfonso VIII, en él se fijan
sus límites y el conjunto de leyes y ordenanzas para mantener el
orden en la ciudad. A las reuniones de los ciudadanos en las que trataban
de resolver los problemas planteados se las denominaba concejos. También
recibía el nombre de Concejo lo que hoy conocemos como Municipio.
El concejo de Madrid figura en acciones bélicas como las Navas
de Tolosa (1212) y el sitio y toma de Sevilla
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En el S. XIII aparece la Mesta, asociación de ganaderos
del reino de Castilla, que señalaba los caminos o "cañadas" que
debían quedar libres para que transitara el ganado y los lugares de pasto.
La Mesta tuvo vigencia oficial hasta 1836 en que fue abolida. La ganadería
estaba en manos de los caballeros que podían simultanear la defensa
de las posiciones cristianas y la protección de sus rebaños. Tras
la victoria cristiana de las Navas de Tolosa se intensificó la trashumancia
de los rebaños de la meseta del Duero a los pastizales del valle del
Guadiana, lo que originó graves conflictos con los ganaderos de estas
zonas.
En nuestra Comunidad el conflicto surgió entre
Segovia, tierra de ganaderos, y Madrid tierra de agricultores. Durante bastante
tiempo la ganadería lanar segoviana tuvo una gran relevancia al aportar
materia prima para los talleres de tejidos ubicados en Segovia. La industria
de paños empieza a decaer en el S. XVI, y con ella la influencia de la
Mesta.
El concejo (ayuntamiento) segoviano
inició un proceso de expansión, ocupó las villas y aldeas
situadas entre Alcalá y el río Tajuña y la comarca de la
Sagra, situada al sur de los límites con Toledo. De hecho hasta el siglo
XIX en que se hizo la división provincial de España las
tierras pertenecientes al concejo de Segovia cercaban las tierras madrileñas
(ver más adelante).
De esta época data la denominación de Madrid como “villa del oso
y el madroño” según la tradición, se produjo un litigio
entre el concejo y el clero por el derecho a montes y pastos, acordándose
que el concejo se quedara con los montes y el cabildo con los pastos. Para conmemorar
el pacto, el concejo adopto por escudo un árbol sobre cuyo tronco
se apoya un oso y el cabildo un oso pastando.
Durante el siglo XIV los caballeros competían en riqueza
con el rey, lo que restaba poder político a los monarcas. Para reforzar
la monarquía Alfonso XI convocó, en plano de igualdad,
a la nobleza, al clero de mayor jerarquía y a representantes de los concejos
de las villas que dependían directamente del rey. Este Consejo tomó
el nombre de Cortes. Alfonso XI reunió las Cortes en Alcalá de
Henares (1348) donde se aceptaron los tres estamentos de la sociedad: nobleza,
clero y procuradores.
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Enrique II, hijo ilegítimo de Alfonso XI,
instauró la dinastía de Trastámara en Castilla. Los
Trastámara otorgaron el "señorío jurisdiccional"
a la nobleza que estaba a su servicio, dándoles derecho a ejercer
justicia y a cobrar impuestos sobre las tierras pertenecientes a los concejos
reales, lo que favoreció las intrigas palaciegas. Los Trastámara
manifestaron una preferencia por la región convirtiendo a Madrid
y sus alrededores en uno de sus lugares favoritos.
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Al morir Enrique IV la ciudad se dividió
entre los partidarios de la Beltraneja y los de Isabel, estos últimos
se apoderaron de la ciudad después de cercarla. En 1479 los Reyes
Católicos por medio de pactos con algunos nobles consiguieron el
trono de Castilla. Isabel I compensó a sus partidarios con
títulos nobiliarios y señoríos jurisdiccionales.
A finales del siglo XV sólo Madrid y Segovia permanecían
bajo la Jurisdicción Real.
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Isabel I consiguió reducir el poder político
de las clases privilegiadas: nombró corregidores, enviados personales
de los reyes a los principales municipios, para controlar al clero, consiguió
que el Papa nombrara a los reyes maestres de las órdenes militares
y les concediera el derecho de presentar al Papa una lista de candidatos para
la elección de obispos y cardenales. El primer cardenal nombrado bajo
el patrocinio real fue Francisco de Cisneros, natural de Torrelaguna.
Madrid y Alcalá de Henares
tuvieron un fuerte proceso de crecimiento económico y social. En Madrid
fueron adquiriendo importancia el comercio y las artesanías textil, metalúrgica
y del cuero. La ciudad fue quedándose pequeña y se consolidaron
los "arrabales" que eran barrios alrededor de la muralla donde vivían
los artesanos y la clase humilde. En Alcalá, además de la tradicional
producción textil, empezaron a trabajar impresores, encuadernadores y
libreros debido a la implantación en ella de los estudios superiores.
El enriquecimiento de las ciudades
hizo surgir una nueva clase social entre la nobleza y el pueblo llano formada
por las profesiones liberales, los comerciantes, los constructores y prestamistas.
A la vez eran más los marginados y vagabundos por lo que empezaron a
fundarse hospitales y casas de caridad.
En 1492 los Reyes Católicos obligaron a los judíos
a optar entre la conversión o la expulsión. Años más
tarde ocurrió lo mismo con los musulmanes.